martes, 12 de noviembre de 2013

(Des)igualdad, la fuente de riqueza que viene.



“Reformas continuas que emparejen la cancha política y mejoren la calidad tributaria serán claves para que la desigualdad siga cayendo aceleradamente en Latinoamérica. Lograrlas es un desafío”.

Cuando la nativa indígena Ynaiá murió de amor por un marinero de la flota portuguesa de Gonçalo Coelho, y fue enterrada en la iglesia de Porto Seguro, no sólo Bahia, sino Brasil entero, era un territorio más igualitario que hoy. Medio milenio y casi diez años pasaron desde entonces para que prosperidad, estabilidad e igualdad volvieran a considerarse tan necesarias como inseparables. Al menos así lo vivencian Sibele y Odair dos Santos. Al igual que Ynaiá, viven en Porto Seguro. Juntos ganan R$1 300 (US$590) y su calidad de vida despegó fuerte en la última década, gracias a la combinación de sus esfuerzos, el alza del salario mínimo y de la ayuda de programas gubernamentales.

En ese período, Sibele, de 32 años, pudo pasar de trabajar en una panadería a tener un contrato como asistente en una escuela para niños, mientras también estudia pedagogía en la universidad. No es un caso excepcional. “Veo que, así como nosotros, muchas personas hoy en día tienen una mejor vida”, dice. “Creo que es una tendencia, porque hay más crédito, más facilidades, más ingresos, beneficios mayores y, por lo tanto, más acceso al consumo”, se alegra.

Y es cierto. En Brasil los hogares con una renta media per cápita de sus integrantes inferior a los US$2,5 diarios, cayeron del 24,1% en 1995 a 10,2% en 2011. Más notable todavía es que en 2004 eran el 24,4%. La misma situación se repite en casi toda América Latina. “Lo que indican los estudios más recientes es que ha habido una disminución importante de la desigualdad en casi todos los países en los últimos diez años”, confirma César Bouillón, economista principal del equipo de investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Debido a ello, agrega, la región como un todo ya no tiene el título vergonzoso de ser la más desigual del mundo. Ahora, “los países de Latinoamérica son los segundos más desiguales, luego de un grupo de África”. Parece poco, pero no lo es: “Si en los 80 la mitad de los latinoamericanos eran pobres, ahora sólo tres de cada diez lo son. Más de 100 millones de personas han salido de la situación de pobreza”, agrega.

Democracia de verdad. Por supuesto, menos pobreza no significa automáticamente más igualdad. En Latinoamérica ahora sí. “Otras economías grandes en desarrollo, como China e India, han visto aumentar su desigualdad”, aclara el economista, lo cual hace mayor la virtud de la disminución de ambas en nuestra región. Aquí, “los esfuerzos en reducción de la desigualdad reducen la pobreza y contribuyen a la formación de las nuevas clases medias”, remarca Eduardo Ortiz-Juárez, economista del PNUD Nueva York. De hecho, “en América Latina la clase media aumentó en la última década de 21,9% a 31,3%. La reducción de la desigualdad fue responsable del 23% de ese aumento”.

Pero ¿por qué ésta se produce en los últimos años y no antes? La respuesta convencional es que se trataría de un efecto automático del crecimiento económico enlazado al boom de los commodities. No es así. La receta es otra y puede resumirse en dos palabras: democracia real. “La democracia ha echado raíces y a pesar de sus deficiencias ha permitido a los partidos comprometidos con la igualdad y la solidaridad crecer, participar en el poder político y poner en marcha políticas en una dirección redistributiva”, diagnostica Evelyne Huber, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Carolina del Norte. En su libro Democracia y la Izquierda, política social y desigualdad en Latinoamérica, que estudia la realidad de 18 naciones de la región, confirma la hipótesis de que se tarda un promedio de dos décadas para que, luego de instaurada una democracia legítima, la desigualdad comience a caer de forma significativa. Ocurre de esa forma “porque toma tiempo, para las organizaciones que representan los intereses de aquellos sin muchos recursos materiales, crecer y consolidarse”, explica. También porque “en algunos países, enclaves autoritarios persisten después de la democratización y tienen que ser superados primero”, antes de impulsar políticas redistributivas. Un caso, cita, es Chile. “Hasta las reformas constitucionales del final del gobierno de (Ricardo) Lagos, Chile tenía senadores designados que sobre representaban a la derecha”. Como resultado, “el gobierno estaba limitado en sus opciones políticas. Ejemplo de ello es el fracaso de Lagos para obtener que el fondo de compensación entre los sistemas públicos y privados de atención médica fuera aceptado”.


Que el lugar donde se define si las desigualdades de origen en nuestra región se modificarán o se perpetuarán es el sistema político, es algo en lo que coincide Celia Lessa Kerstenetzky. Coordinadora del Centro de Estudios sobre Desigualdad y Desarrollo (Cedes), de la Universidad Federal Fluminense (UFF), en Brasil, Kerstenetzky reconoce que “la desigualdad económica hace su camino por dentro del sistema político”. Es una verdad universal, aclara, que “dinero e influencia pesan mucho en política, sobre todo en países muy desiguales”. Hablando de Brasil, pero en lo que puede aplicarse a naciones como Colombia, Paraguay y muchas centroamericanas, Kerstenetzky explica que “es bastante intuitivo comprender la dificultad en hacer una reforma agraria decente en un país donde el grado de concentración de la tierra es de los mayores del mundo: los intereses de los propietarios y los canales políticos e ideológicos a los cuales tienen acceso privilegiado, y por medio de los cuales sus intereses son vocalizados, se interponen en el camino”.

La solución es una democracia todavía más afinada, afirma Huber. “El apoyo público de las campañas electorales tiene que ir acompañado de normas que pongan límites al financiamiento privado de las campañas y por el estricto cumplimiento de estas normas, con el fin de nivelar el campo de juego para los partidos que representan los intereses de los más desfavorecidos”. Eso también implica que la identidad de los donantes sea pública. Ahora ¿podemos extender esta lógica a financiación de los partidos? “Sí, ciertamente podemos”.

Círculo virtuosoUn juego político más transparente aparece, entonces, como condición central para que se sostenga un círculo virtuoso que Latinoamérica, por primera vez en su historia, está en condiciones de poner en marcha: un sistema de instituciones democráticas promueve mayor igualdad, la mayor igualdad logra una mejora vigorosa del capital humano y éste, a su vez, permite un desarrollo económico de alta productividad que, entonces, financia el paso de un “universalismo básico” como el actual, que intenta asegurar servicios de educación, salud y pensiones, limitados en calidad, sólo a los más pobres a un “universalismo clásico”, donde todos los ciudadanos pueden aplicar a los mismos, en una versión de alta calidad. Ello en un contexto de tasas de interés bajas, tipo de cambio competitivo y una política fiscal conservadora que contiene la inflación.

¿Se ha llevado a cabo alguna vez un proceso de este tipo de manera exitosa? “Sí -contesta Huber- ése fue el modelo macroeconómico de Noruega y Suecia durante la Edad de Oro del capitalismo de posguerra”. Aun así, estamos en el siglo XXI y tales políticas deben reinventarse. Por un problema de magnitud. México tiene 118 millones de habitantes y Brasil, 200 millones. Países “pequeños” como Colombia y Perú tienen 46 y 30,5 millones, respectivamente. Incluso el espacialmente modesto Guatemala es habitado por más de 15 millones contra los 9,5 millones de Suecia. Cantidad hace a calidad. De hecho, programas de transferencias directas y focalizados como Bolsa Familia, Renta Dignidad y Bono Juancito Pinto deben mirarse bajo otra luz cuando sabemos que se aplican en naciones en las que la “focalización” puede incluir entre el 40% a 70% de la población, si se considera a los pobres o vulnerables a la pobreza.

En tal contexto, esta primera oleada de descenso de la desigualdad en la región se sostiene en los efectos de estos programas inmensos en volumen, junto con políticas de aumentos en los salarios mínimos. “En México se ha reducido la desigualdad alrededor de 1% por año. Es la 6ª economía con el mayor descenso en la última década, motivada principalmente por el programa de transferencias públicas como Oportunidades”, dice Ortiz-Juárez. Y agrega que el programa “es el responsable del 18% de la caída de la desigualdad”. Es importante también “el efecto en el mercado laboral, los cambios en los salarios por hora; en particular, el crecimiento salarial entre trabajadores ubicados en la parte baja de la distribución. Eso explica 50% de la reducción de la desigualdad”.

Educación top masiva. Sin ser hiperbólico, la tarea que resta es inmensa. Como ha escrito Marcelo Côrtes Neri, presidente del Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada, IPEA (que depende de la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de Brasil): “la verdad es que (todavía hoy) la desigualdad en Brasil permanece entre las 15 mayores del mundo, y llevaría por lo menos 20 años al ritmo de crecimiento actual para alcanzar los niveles de los Estados Unidos, que no son una sociedad igualitaria”.

¿Cómo seguir? De partida, debe haber un desplazamiento de ámbito. “No podemos seguir dependiendo de las fuerzas del milagro de las transferencias públicas progresivas”, predice Ortiz-Juárez. Es el turno de la educación. “Una de las cosas que han incidido en que no haya más descenso en la reducción es que hay una diferencia entre lo que el mercado necesita y lo que el Estado ofrece en términos educativos”, agrega. Sucede que “el Estado tiene un papel importante en el diseño y actualización de los programas de estudio acordes con las necesidades de cada país a corto y largo plazo”. Y eso es lo mínimo. Lo crucial es combinar extensión, calidad y costo. El caso citado de Sibele, en Porto Seguro, resulta indicativo. En ese municipio, solamente el 47,3% de la población entre 15 y 17 años tiene sus estudios básicos (primarios y secundarios) completos. Y aun para ellos la oferta terciaria de la región es mínima. Para colmo, en el caso en que esa oferta sea demandada, su costo de US$136 mensuales resulta alto (en el caso de la familia Dos Santos es el gasto individual más grande de la pareja, representa el 23% de su presupuesto total).

Pero aquí topamos con un problema para el cual no hay soluciones simples. Uno que afecta a naciones tan disímiles en su estructura productiva como Chile y México. En el caso de este último, “entre los factores que han inhibido la reducción de la desigualdad”, cuenta Alejandro Tuirán Gutiérrez, ex consultor del Banco Mundial e investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, “está la no generación de empleo de calidad”. México crea cerca de 300.000 de estos empleos en un año, “cuando la población activa económica se incrementa en más de un millón en el mismo período”. En Chile, como botón de muestra de esto, el sistema agroexportador exitoso no cuenta con una dotación mínima de genetistas que le permita mejorar su productividad. Como no los demanda, las universidades no los producen. ¿O es al revés? La pregunta puede aplicarse a casi todos los sectores de la economía chilena.
Responsable de estos desajustes es la segregación en los sistemas educativos. Si bien en los casos de Argentina, Brasil, México y Perú parte de la caída reciente en la desigualdad provino (aparte de las mejoras antes descritas) del angostamiento de la brecha de ingresos entre los trabajadores con alta y baja calificación, producto de avances en la universalidad de la educación, lo que ocurre en Chile muestra los límites de este proceso. “En Chile, un estudiante que solamente asistió a una escuela municipal, tiene una oportunidad dramáticamente baja de obtener un puntaje lo suficientemente alto, en las pruebas de aptitud nacionales, para entrar en una de las ocho mejores universidades”, describe Huber. Es el efecto de la brecha existente entre los alumnos del 10% de la población de mayores ingresos y el resto.

Javiera Selman, investigadora asociada al Centre for New Development Thinking, en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, explica cómo esta diferencia impulsa la supervivencia intergeneracional de la desigualdad. “En Chile no se permite seleccionar, pero los centros educativos lo hacen. Así, los colegios que seleccionan por ingreso tienen mejores niños, porque vienen de padres con mayores recursos familiares o de aprendizaje de ellos mismos: hay más capital cultural en sus casas”. Todos elementos “que hacen que estos niños tengan más predisposición a aprender”.

Revolución impositiva. Un camino para revertir esta realidad es transformar el sistema educativo público en uno de clase mundial, algo que cuesta dinero. Mucho. Para obtenerlo es necesario reformar los sistemas impositivos, y pocos lo necesitaban más que México. “Es el país con la menor recaudación en América Latina. Recoge el 11% del PIB, lo que no nos deja tener un sistema de protección social más comprensivo”, reseña Ortiz-Juárez. En su caso la reforma acaba de hacerse, pero, a su juicio, pese “a tener un carácter progresista, se quedó corta en términos del monto de la recaudación”. Aun en aquellos países en que tales montos son, proporcionalmente, mayores, su origen son impuestos al consumo (como el IVA) o a las exportaciones (como las retenciones argentinas). “Es cierto que la región tiene, en general, sistemas impositivos y de gasto que son regresivos”, reconoce Bouillón, del BID; pero, matiza, en ello influye que también “tiene tasas de 50% a 60% de informalidad laboral, que son 50% a 60% de trabajadores que no pagan impuestos”. A su juicio, “hasta que esas personas entren al sistema, aumentar el impuesto a la renta gravará más a los que ya pagan”, que de todas formas pagan impuestos al consumo.

Y este esquema es un escollo duro como un diamante para que haya más igualdad en la región. Enfrenta a las clases medias, tradicionales o nuevas, al siguiente dilema: ¿Usar servicios públicos de mala/regular calidad o pagar por los privados? Porque, si se aumenta su carga impositiva y quieren optar por los privados, tienen que elegir entre a) restringir su consumo y/o b) eludir. Por tanto, la diferencia entre el fracaso y el éxito en el siguiente paso en pro de una mayor igualdad dependerá de que cada país logre mantener o hacer retornar a la clase media a la educación y salud públicas. “Esto es políticamente esencial”, advierte Huber, porque la participación de la clase media en ellos “no sólo reduce el rechazo a pagar impuestos para financiar servicios que no usan, sino que aprovecha las energías y contribución a la educación de los padres de clase media”. Lo que ocurre en Porto Seguro muestra la verdad del dilema. “Depender del SUS (Serviço Único de Saúde) es terrible”, dice Sibele, que no puede pagar por un seguro médico particular, pero querría hacerlo. 

Selman estima que es necesario, igualmente, otro tipo de reformas impositivas para mejorar la igualdad: crear créditos tributarios. Esto es, tasas de impuestos negativas sobre los ingresos declarados de personas o familias. “Las ventajas de este tipo de mecanismo -arguye- son que reducen la pobreza al mismo tiempo que incentivan el trabajo, disminuyen el estigma asociado a participar en programas sociales, estimulan la formalidad de los trabajadores y tienen menores costos administrativos”.

Finalmente, más democracia y mejores impuestos deben unirse a un tercer vértice que los retroalimenta. Un modelo económico de apertura al comercio internacional que impulse “un aumento de los niveles del ingreso per cápita a través de modernización industrial y ascendiendo en el ciclo de producto a una mayor tecnología”, estima Huber. En ese marco, contra lo que dicen ciertos prejuicios de izquierda, un modelo social igualitario no necesita como requisito un sector fuerte de empresas estatales. Puede haberlo o no, pero lo esencial es que existan “algunas medidas de control del flujo de capitales que faciliten el manejo de la tasa de cambio y la tasa de interés” para suavizar las crisis financieras globales. El ciclo clásico de tipo de cambio fijo, orgía de consumo, déficit en cuenta corriente y ajuste traumático que devastó a la región en las décadas del 70 y 80.

Es obvio entonces que más igualdad es mucho más que simplemente acceso universal al consumo de bienes masivos, como creen demasiados políticos de la región. Muchos gadgets en casa no son sinónimo de felicidad duradera. En Porto Seguro, Sibele y Odair lo tienen claro. Su computador, TV y microondas no son modernos, pero tampoco les interesa renovarlos. “Tenemos deudas comprometidas y por eso no vamos a invertir en bienes de consumo”, dice ella. Consideran su vida buena y ahora se organizan para la persecución de dos nuevas metas. Ahorrar para tener un hijo y comprar un auto. Sólo una nube oscurece un poco su felicidad: la percepción de la todavía fuerte desigualdad. Les molesta la ostentación de los más ricos, como los argentinos, italianos y franceses que se establecieron en la ciudad. “Mientras nosotros sólo conseguimos avanzar con mucho sacrificio, ellos ocupan fácilmente un espacio que nosotros nunca vamos a tener”, arguyen. Es que, en un mundo de flujos globales rápidos, las desigualdades son muy patentes. El lado bueno de esto es que, también en él, promover la igualdad, más que un problema para la economía, puede ser la solución para impulsar su desarrollo.

¿Adiós al Gasoducto del Sur?



La importante presentación del proyecto del Gasoducto del Sur Peruano (GSP) en la capital del petróleo, Houston, el 21 de octubre último, ha pasado desapercibida por los medios de prensa nacionales. Nos referimos a una presentación, - en la que participó Proinversión junto a los consultores contratados para el diseño técnico y económico del GSP, las empresas Wood Mackenzie y Foster Wheeler – donde la promesa de darle viabilidad y celeridad al polo petroquímico y al ducto de líquidos del gas del sur ha quedado relegada. A continuación, explicamos las modificaciones realizadas al proyecto del gasoducto surandino.
Primero: Ampliación del ducto central. Se contempla la ampliación del Gasoducto del Centro (GC), que une Camisea – Pisco y Pampa Melchorita, con el aumento de tamaño del ducto de 32 a 36 pulgadas y su capacidad de transporte en 63%. Este ducto está destinado a producir gas natural para las conexiones domiciliarias en Lima (de solo 100 mil usuarios), líquidos de gas para exportación, pero sobre todo, lo que se busca es ampliar la producción de Gas Licuado de Petróleo (GLP), esto es, el gas de balón que utilizamos mayormente en el uso doméstico (más de un millón de usuarios). Sumado a ello, el Estado asume el costo total de la construcción del ducto de 220 km, eximiendo al Consorcio Camisea de su compromiso de construir 55 km de este tramo.
Segundo: El ducto sur peruano queda reducido y no se promueve la masificación del gas. El ansiado ducto del sur, que parte de Chimparina (Cusco) hacia Mollendo, queda reducido a un ramal secundario. En primer lugar, porque se considera un tubo de 32 pulgadas. En segundo lugar, porque ya no se contempla la construcción de un ducto para la masificación del gas. En tercer lugar, tampoco se considera la construcción de una planta de etanol hacia el sur del Perú (Mollendo-Ilo). Este último aspecto es fundamental para el desarrollo de la base petroquímica del sur, porque es la única forma de garantizar la rentabilidad del proyecto al impulsar industrias como las plantas de fertilizantes y plásticos.
¿Qué significa todas estas modificaciones de último minuto? Para el congresista Manuel Dammert, el gobierno estaría traicionando el anhelado proyecto del gasoducto surandino y fortaleciendo las condiciones para la exportación del gas peruano a Chile. No solo eso. El mercado nacional de gas de uso doméstico seguirá siendo de balones de GLP, los que ya son tres veces más caros que el gas natural domiciliario. Además, no olvidemos que el actual negocio de transporte y venta de GLP se encuentra en manos de las empresas Hunt Oil, Plus Petrol y Shell, quienes son una de las principales beneficiarias con las modificaciones realizadas al proyecto del gasoducto del sur.
Así, el ofrecimiento del cambio de matriz energética y el impulso de nuestra soberanía a través del Gas de Camisea son echados nuevamente por la borda. Esto sin olvidar la reciente contraofensiva para liquidar a PETROPERÚ de cualquier actividad de explotación de petróleo. Una pena que el presidente Ollanta Humala no diga algo al respecto y deje en manos de PROINVERSIÓN, y de sus “socios antinacionales”, la gran promesa de inclusión del sur del Perú.

Hacia un mundo menos americano



“La unipolaridad en las relaciones internacionales comandada por Estados Unidos está siendo amenazada ya hace algún tiempo por el crecimiento económico de algunas naciones y el grave desequilibrio financiero norteamericano”

Históricamente el mundo ha pasado por la hegemonía de diferentes potencias que llevaban el control político, económico y comercial. Hemos pasado por una bipolaridad de poderes durante la guerra fría, compitiendo Estados Unidos con la desaparecida Unión Soviética. Después, Estados Unidos se consolida como única potencia mundial con sus aliados en la Eurozona y demás países occidentalizados, determinados a llevar a cabo todas sus políticas especialmente económicas y comerciales y tratando de expandir sus ideas e inversiones por donde se podía. Hoy, este monopolio del poder se deshace más y más ante la fuerte entrada de sus competidores China, India, Sudáfrica y Brasil, los denominados BRICs creando una multipolaridad de naciones y regiones.
Estados Unidos ha acumulado una deuda aproximada de 17 mil billones de dólares, un monto mayor a su PBI. Esta situación preocupa, porque se sabe que su caída arrastraría a muchos. Ante la incertidumbre incurrida el último mes es ahora más seguro que nunca que los países buscarán desacoplarse de la influencia estadounidense1.
La principal causa por la que la administración pública norteamericana cerró a comienzos de Octubre fue por una disputa en el Congreso para subir el techo de la deuda y encontrar un acuerdo sobre el presupuesto del próximo año. Otro temor es la incertidumbre generada por la Reserva Federal respecto a que detenga la inyección de liquidez en la economía que se estima ha sido de 85 mil millones de dólares al mes. Esta medida despierta polémica ya que se supone ha sido un incentivo temporal que debería retirarse, pero cada vez que anuncian que van a hacerlo tiemblan los mercados.
Ha habido diferentes acciones que han demostrado el deterioro en la capacidad de liderazgo de los Estados Unidos. En primer lugar, ante la crisis con Siria, fue Rusia quien tuvo que intervenir y aplazar la intervención militar. Después, La Casa Blanca, por su situación interna no asistió al Foro de Cooperación Asia Pacífico (APEC) celebrado en Bali, con lo cual los protagonistas fueron China y Rusia. Hay que recordar que los 21 países que conforman el APEC significan el 50% de la producción y comercio mundial. Y por último, la sonada pelea entre demócratas y republicanos que han hecho que el país cierre su Administración. En definitiva “un líder es seguido cuando es temido, no cuando hace el ridículo”2.
Se puede decir entonces que los estados del mundo están buscando reducir la dependencia del dólar. Estas acciones, lideradas por China, apuntan a hacer acuerdos para utilizar sus monedas dentro de sus alianzas comerciales sin acudir al dólar. Asimismo, el fortalecimiento del yuan soportado por inmensas compras de oro, lo que genera un desprendimiento de los dólares e incluso de los bonos americanos. Teniendo en cuenta que China es hoy el primer importador de petróleo del mundo se puede predecir que de ahora en adelante las negociaciones en esta moneda para la compra de este recurso tendrán mayor envergadura, no solo en el continente asiático, sino también entre sus pares en crecimiento.
Siguiendo con estas políticas, la India está pensando en negociar un acuerdo con Irán para comprarle petróleo y este se daría en monedas diferentes al dólar y al euro. Si se ve a Irán con otros ojos y se toma en cuenta su llamado a luchar contra el terrorismo, podría estar armándose una alianza entre los países árabes y musulmanes, tal vez, hasta Israel. Pero esta vez, organizados desde adentro sin necesidad del occidente.
Según la teoría económica es mejor diversificar la canasta que poner todas tus apuestas en una sola acción y eso es lo que está pasando a nivel global, la dependencia a una sola economía que está con un futuro incierto ponen a todos a pensar si ya es tiempo de mirar hacia otro lado.  Es muy importante, por ello, enfocarse en las nuevas regiones, en aquellas que se encuentran creciendo y desarrollándose. Esto significa un reto para el Perú y los países emergentes de América Latina de ver más allá de la costumbre.