La desigualdad
es un tema que cobra actualidad en América Latina. La exasperación con la
calidad y el costo de los servicios públicos, la impotencia frente al acceso
dificultoso al sistema educativo o a tratamientos médicos son el día a día de
muchos latinoamericanos. O la indignación ya no sólo frente a la corrupción,
sino a su falta de castigo. Llegado a un punto de saturación, en el que mucho
interviene la calidad de vida en nuestras grandes ciudades, muchos de ellos se
movilizan y empiezan a exigir cambios. Ha sucedido en Chile, Brasil, Colombia y
Perú, países donde la economía muestra indicadores robustos.
En una pieza
de investigación de calidad, con apoyo de Camilo Olarte en México y Marlene
Jaggi en São Paulo, Rodrigo Lara muestra cómo esta demanda por igualdad tiene
poco que ver con el radicalismo de los años 70 ni con el “emparejar hacia
abajo”, sino todo lo contrario: es el reflejo del éxito de las reformas de las
décadas pasadas que buscaban sacar a millones de latinoamericanos de la
pobreza. Empoderada y asertiva, esta nueva clase media necesita mejores servicios
para consolidarse en un mundo competitivo. La igualdad es un buen negocio,
robustece la productividad y el consumo sustentable.
Pero no va a ser fácil. Colombia y México lo
están experimentando con fuerza. La reforma educativa de Enrique Peña Nieto ha
entrado en conflicto con los maestros, y la apertura comercial de Juan Manuel
Santos chocó contra campesinos que ven en el libre comercio una amenaza. ¿Cómo
desarmar políticamente estas resistencias conservadoras a formas de producir
insustentables? Camilo Olarte nos entrega un reportaje a nivel de calle,
detectando dónde está la gran brecha que separa las reformas del Pacto por
México de la dura y alienante realidad del magisterio mexicano.
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